La prueba irrefutable
Salà de un almuerzo en la ciudad de Miami. Estaba ansioso. Recuerdo que las
noticias del tortuoso maltrato que está recibiendo Leopoldo López en Ramo Verde
agobiaba mi conciencia. Son crÃmenes de lesa humanidad, me dije, no estamos tan
solo frente a una dictadura más, la chavista es una dictadura de la peor
estirpe criminal, la decadencia total de la nación es la prueba irrefutable de
ello. Lilian me comenta que Leopoldo permanece incólume moralmente, su espÃritu
está intacto. ¡Qué ejemplo el que nos está dando!
Llamé al editor del documental que estoy realizando sobre la peste polÃtica
venezolana: el chavismo, y le confirmé que llegarÃa en media hora a nuestra
cita.
¿Por qué tanta ansiedad?
El revire que pudo ser fatal
Ya montado en la autopista I-95, mientras conducÃa, merodeaba en mi mente
la frase “lucha espiritual”, no sé exactamente la razón, pero pensaba que
nuestra lucha era espiritual porque lo hacÃamos por principios, ideales y
sueños; sÃ, sueños, aunque sonase idÃlico: ¿no habÃa movido a BolÃvar, Gandhi,
Luther King o Mandela un sueño de libertad? En todo caso, luchábamos por
intangibles, por visiones platónicas de una Venezuela posible, pero
desgarradoramente negada por el chavismo.
De pronto, una camioneta pick up blanca se abalanzó sobre mà de manera
amenazante, una y otra vez embistió contra mi vehÃculo como para orillarme o
sacarme de la vÃa. Lo esquivé en varias ocasiones y, no miento, reviré, también
empujé contra ellos al punto de que nos rozamos en varias ocasiones.
Mi reviré pudo ser mortal.
El estrepitoso choque de un poeta con la realidad
Creo que en Venezuela somos pocos los “soñadores”, tanta devastación, tanta
hambre, tanto crimen e injusticia, tanta mortandad, tanto cinismo y corrupción,
han causado estragos irreparables en nuestro espÃritu, lo han vaciado de
ilusión. Imaginar un paÃs mejor, luchar por él, es casi un oficio de locos. Hay
que sobrevivir, hay que comer, hay que esconderse del hampa común o del Sebin
(aunque son básicamente lo mismo). ¿Quién tiene tiempo de pensar en
ensoñaciones o ideales nacionales? ¿Quién dedica su tiempo a semejantes
mariqueras? Supongo que los poetas. Entre ellos el poeta –inconcluso– que dicen
que soy yo, que ando montado en una nube de Venezuelas posibles, más humanas y
libres, más prósperas y justas.
Hasta que te encuentras con la estrepitosa realidad que te hace chocar
contra otro carro en una autopista, hasta que se te atraviesa una camioneta
pick up blanca cuyo copiloto –y sus inundados ojos rojos– te lanza piedras y
amaga con estar armado para dispararte…, y, ¡carajo!, aquel coñazo
irreversible, aquella espantosa sensación que produce una bolsa de aire sobre
tu rostro.
Y quedar aturdido, y despertar.
¿Atentado?
Me cuesta pensar que el narcochavismo tenga vela en lo que no fue mi
entierro y aquel choque, mucho menos que sus perniciosas garras hayan llegado a
Estados Unidos, pero todo es posible en la viña mundial de su señorial
malandraje. Debo ser absolutamente honesto, cuando me encontré a mà mismo
destartalado en medio de la I-95 y me di cuenta de que mi choque con la
realidad no habÃa sido contra la pick up blanca que me embestÃa sino contra una
camioneta Toyota Four Runner negra, que no logré evadir, atribuà mi despertar a
mi imprudente revire y no a un atentado polÃtico; pensé que fue un hecho
fortuito y como tal lo asumÃ.
Sin embargo…
El verdadero choque histórico
Me quedé callado. Asumà mi imprudencia. No dije ni denuncié nada. Llamé al
editor del documental para decirle que no llegarÃa a la cita porque habÃa
chocado y me dispuse a poner en orden mi accidentado naufragio con la realidad.
“¿Lucha espiritual?”, recuerdo que pensé en algún momento entre grúas,
ambulancias y policÃas. SÃ, lo sigue siendo y lo será mientras nuestro aliento
sea capaz de empañar una lámina de vidrio. No estaba mi Venezuela resistiendo
al más salvaje choque histórico que habÃa padecido en su vida republicana
contra esa locomotora de cinismo que es el chavismo, ¿qué era mi choque en
comparación con el accidente que habÃa sufrido mi pueblo?
Nada, un carajo. Los estrepitosos y frenéticos dÃas siguientes
A mi choque le siguieron hechos frenéticos, muchos más estrepitosos que el
mÃo. La peste chavista encarcelaba otra vez al noble Daniel Ceballos, perseguÃa
al aguerrido Lester Toledo, detenÃa al brillante Yon Goicoechea, bombardeaba de
mierda el templo de la libertad que es El Nacional (mi otra casa) y amenazaba a
diestra y siniestra a los miembros del partido de la libertad en Venezuela:
Voluntad Popular.
No sé si todos estos choques con la realidad dictatorial venezolana sean
casuales o sean orquestados por la crueldad chavista. La verdad, a estas
alturas poco importa, lo que importa es la elevación moral, el idealismo, la
fortaleza espiritual y la indoblegable convicción que nos mueve a seguir
luchando. Son cosas del espÃritu, y a él, al espÃritu, ni se le encarcela ni se
le asesina; persiste, prevalece mientras tenga ideales y sueños.
Y nosotros los tenemos inabarcables, inmensos, imbatibles, como excepcional
y lúcidamente lo expuso David Smolansky cuando los esbirros del Sebin lo
amenazaron.
El chavismo también ha chocado estrepitosamente con algo que no tiene ni
conoce: nuestra moral, que es indoblegable, que no se arredra, que perdura.
Nuestro último destino es la libertad y el chavismo frente a nuestra lucha
espiritual está hecho añicos. Es cuestión de tiempo. Somos mayorÃa. Ni nos
cansamos ni perdemos.
Seguimos…
EP Mundo


