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Corazón ardiente y mente fría por Alberto Lovera


Corazón ardiente y mente fría por Alberto Lovera

El ímpetu popular tiene que entender que salir en paz de este gobierno no hay que rebajar nuestra pasión, pero que hay que hacerlo con la mente fría para construir una patria donde quepamos todos, con nuestras diferencias. Ello supone no perder la claridad de objetivos sin arrebatarnos por nuestra rabia justificada




A Chúo Torrealba

Nadie dijo que sería fácil concretar una salida constitucional, pacífica y electoral del actual régimen. Pero ese es el camino. Una ruta que requiere pasión y razón para que lograr nuestros objetivos no se vean distorsionados por la justificada indignación de una realidad lacerante que nos agobia. Lo ha resumido Chúo Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD, con una frase y una actitud que no debemos olvidar: Corazón ardiente y mente fría.

La no violencia activa ha demostrado una eficacia mucho mayor para enfrentar y derrotar los regímenes autoritarios que las alimentadas por propuestas que prometen salidas rápidas y también quiméricas que antes que apurar un desenlace positivo lo hacen más trabajoso, lo vivimos con el intento del golpe de Estado del 2002, así como otras iniciativas inmediatistas y voluntaristas en los años siguientes.

Muy diferente al largo camino, pero efectivo, a partir de las elecciones del 2006, a la ruta que permitió la derrota de la reforma constitucional en 2007, a la conformación de la MUD en el 2008, al trabajo paciente de sembrarse en los sectores populares, a la superación de las diferencias que se presentaron en la alianza opositora en el 2014 , a la presión política y ciudadana que obligó a la realización de las elecciones parlamentarias del 2015 con un triunfo inapelable de las fuerzas democráticas, y más recientemente al desempeño titánico de la nueva Asamblea Nacional, asediada desde los reductos de poder que conserva la camarilla gobernante, hasta llegar al diseño de una ruta democrática, pacífica y electoral: referéndum revocatorio presidencial y elecciones regionales , que ha venido sorteando todos los obstáculos, gracias a una dirección política acertada cuyo verbo se ha hecho carne en la ciudadanía, en la sinergia de voto, organización y movilización, como puerta del cambio político anhelado por la mayoría determinante de los venezolanos.

Aunque nuestros problemas cotidianos nos abruman, y es urgente ponerle fin a este proceso de destrucción nacional en todos los órdenes que la camarilla gobernante hace caso omiso de su gravedad, en su empeño de perpetuarse en el poder a cualquier precio, creyendo que con represión e intimidación puede evitar, cada vez es más impotente para prolongar su dominio. No hay que dejar de presionar para vencer su resistencia a aceptar que su tiempo se venció, pero con los métodos que nos permitan salir en paz de un elenco del poder que ya no da más. Habrá que obligarlo cívicamente a someterse a la voluntad popular, no le queda otra que retirarse porque perdió la mayoría que una vez tuvo. Y hacerlo en sana paz.

El ímpetu popular tiene que entender que salir en paz de este gobierno no hay que rebajar nuestra pasión, pero que hay que hacerlo con la mente fría para construir una patria donde quepamos todos, con nuestras diferencias. Ello supone no perder la claridad de objetivos sin arrebatarnos por nuestra rabia justificada. Para que todos seamos capaces de construir un futuro exento de inequidades y exclusiones, no hay que dejar de actuar por el cambio político, pero sabiendo que más vale pagar el costo del camino tortuoso que estamos viviendo para parir el cambio si con ello logramos hacerlo de tal manera que reconstruyamos la convivencia de los venezolanos.


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