El ímpetu popular tiene que entender que salir en paz de este gobierno no hay que rebajar nuestra pasión, pero que hay que hacerlo con la mente fría para construir una patria donde quepamos todos, con nuestras diferencias. Ello supone no perder la claridad de objetivos sin arrebatarnos por nuestra rabia justificada
A Chúo Torrealba
Nadie dijo que sería fácil concretar una salida constitucional, pacífica y
electoral del actual régimen. Pero ese es el camino. Una ruta que requiere
pasión y razón para que lograr nuestros objetivos no se vean distorsionados por
la justificada indignación de una realidad lacerante que nos agobia. Lo ha
resumido Chúo Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD, con una frase y una
actitud que no debemos olvidar: Corazón ardiente y mente fría.
La no violencia activa ha demostrado una eficacia mucho mayor para
enfrentar y derrotar los regímenes autoritarios que las alimentadas por
propuestas que prometen salidas rápidas y también quiméricas que antes que
apurar un desenlace positivo lo hacen más trabajoso, lo vivimos con el intento
del golpe de Estado del 2002, así como otras iniciativas inmediatistas y
voluntaristas en los años siguientes.
Muy diferente al largo camino, pero efectivo, a partir de las elecciones
del 2006, a la ruta que permitió la derrota de la reforma constitucional en
2007, a la conformación de la MUD en el 2008, al trabajo paciente de sembrarse
en los sectores populares, a la superación de las diferencias que se
presentaron en la alianza opositora en el 2014 , a la presión política y ciudadana
que obligó a la realización de las elecciones parlamentarias del 2015 con un
triunfo inapelable de las fuerzas democráticas, y más recientemente al
desempeño titánico de la nueva Asamblea Nacional, asediada desde los reductos
de poder que conserva la camarilla gobernante, hasta llegar al diseño de una
ruta democrática, pacífica y electoral: referéndum revocatorio presidencial y
elecciones regionales , que ha venido sorteando todos los obstáculos, gracias a
una dirección política acertada cuyo verbo se ha hecho carne en la ciudadanía,
en la sinergia de voto, organización y movilización, como puerta del cambio
político anhelado por la mayoría determinante de los venezolanos.
Aunque nuestros problemas cotidianos nos abruman, y es urgente ponerle fin
a este proceso de destrucción nacional en todos los órdenes que la camarilla
gobernante hace caso omiso de su gravedad, en su empeño de perpetuarse en el
poder a cualquier precio, creyendo que con represión e intimidación puede
evitar, cada vez es más impotente para prolongar su dominio. No hay que dejar
de presionar para vencer su resistencia a aceptar que su tiempo se venció, pero
con los métodos que nos permitan salir en paz de un elenco del poder que ya no
da más. Habrá que obligarlo cívicamente a someterse a la voluntad popular, no
le queda otra que retirarse porque perdió la mayoría que una vez tuvo. Y
hacerlo en sana paz.
El ímpetu popular tiene que entender que salir en paz de este gobierno no
hay que rebajar nuestra pasión, pero que hay que hacerlo con la mente fría para
construir una patria donde quepamos todos, con nuestras diferencias. Ello
supone no perder la claridad de objetivos sin arrebatarnos por nuestra rabia
justificada. Para que todos seamos capaces de construir un futuro exento de inequidades
y exclusiones, no hay que dejar de actuar por el cambio político, pero sabiendo
que más vale pagar el costo del camino tortuoso que estamos viviendo para parir
el cambio si con ello logramos hacerlo de tal manera que reconstruyamos la
convivencia de los venezolanos.
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