Artillería de Oficio
■ Durante un acto transmitido en
televisión, Nicolás Maduro, el hombre que por una pirueta rocambolesca del
destino ocupa la Presidencia de la República.
Una vez más mostró su vergonzante
gordura para hacer un chiste de mal gusto al aludir a la ingrata “dieta Maduro”
que hace morir de inanición a la población, sometida a una cadena de
humillaciones que empieza por resistir de pie las colas infernales durante
horas para adquirir algún producto racionado o, lo que es mucho más cruel e
inhumano, el tener que hurgar en la basura hasta encontrar alguna sobra que
pueda engañar al estómago. ¿Era necesario quitarles la dignidad?
El esfuerzo de los venezolanos por
resolver la ingesta alimenticia se ha vuelto el gran logro del régimen, que es
el de condenarnos a la pura supervivencia y no tener tiempo de actuar para
salir de este círculo perverso que tan buenos resultados dio a los dictadores
cubanos, atornillados en el poder con idénticos métodos, sin importarles el
bienestar de su pueblo.
No hay palabras para describir la molestia
y el sentimiento de indignación que han provocado las risas presidenciales
mientras afirmaba, sin conocimiento de causa, que “la dieta de Maduro te pone
duro, sin necesidad de Viagra”. La pobreza extrema en el país alcanza 80%;
frente a eso, al paquidérmico que en mala hora llegó a Miraflores no se le
ocurre otra cosa más desatinada que hablar de un provocador de erecciones
químico, cuya existencia desapareció de las farmacias junto con las aspirinas,
hipertensivos, antibióticos, antidiarreicos y un sinfín de medicamentos que sí
son materia prioritaria de salud pública.
La ironía del asunto es que la
impotencia masculina, siendo un tema tan privado, ahora es competencia del
presidente de la República, algo que solo interesa a los grandes fornicadores con
dependencia de la milagrosa droga para presumir seguramente de lo que carecen.
Maduro ha perdido respeto hasta de sí mismo.
Todas esas fanfarronadas denotan, en
primer lugar, su incapacidad expresiva y también son parte de una doctrina
escatológica revolucionaria: entre el eructo de ingrata recordación en vivo y
en directo del general Acosta Carles, durante un allanamiento a un almacén de
la Coca Cola; pasando por “la plasta” que el presidente Chávez le excretó a
once magistrados por un fallo del TSJ, en 2002; hasta la “mentada de madre” de
Maduro al presidente del Parlamento y la burla con la Viagra, todos esos
denuestos llevan intrínsecos un metamensaje político que va más allá de la
oposición y que tiene como destinatario a toda la sociedad civil, a la
comunidad internacional, a los líderes y organismos internacionales preocupados
por el destino de la democracia en Venezuela , que exigen la libertad de los
presos políticos y elecciones libres.
Escatología verbal
El envilecimiento del léxico político
junto con la corrupción y la impunidad produce hartazgo; no es posible que los
dos hombres que detentan los cargos más importantes de la nación, como el
presidente de la República y el presidente de la Asamblea Nacional, se
comporten como dos azotes de barrio que se desprecian con palabronerías: una
semana antes de la “mentada de madre”, el presidente del Parlamento, desde el estado
Falcón, utilizó un recurso escatológico , hasta ahora inhabitual en su oratoria
picaresca, tildando al mandatario de “cagón”. Ese tipo de dialéctica cubre a
quien así se expresa de algo que no es precisamente la gloria. Lo mejor que le
podría pasar a este país arrasado es sustituir el populismo fascistoide y
brutal por una cultura política del respeto, la decencia, del trabajo
silencioso y la paciencia. Si no es así, seguiremos en lo mismo, pero desde el
otro frente.


