Un médico no le
consulta a los visitantes de una clínica el tratamiento de un paciente. De la
misma forma hay momentos donde los hombres de Estado deben tomar decisiones aun
en contra de la opinión general
Rafael
Caldera al perder las elecciones con Jaime Lusinchi en 1983 dijo: “El pueblo
nunca se equivoca”. Nada menos cierto, los pueblos nos equivocamos, y
mucho.
La
manipulación y la emotividad son dos enemigos de la democracia. La manipulación
hace que los ciudadanos tomen decisiones basadas en mentiras y la emotividad
hace que lo hagan de forma irracional.
Hace
2.000 años se presentaron a una elección Jesús de Nazaret y Barrabas. El
primero hizo campaña a favor del amor y el segundo, un asesino, ganó la
elección. Los mismos que recibieron a Jesús con gran jubilo a la entrada de
Jerusalén, unos días después gritaban “crucifíquenlo”. Reacciones emotivas, sin
racionalidad, producto de la manipulación.
En
la campaña presidencial de Estados Unidos compite un candidato impresentable,
sin embargo 40% de estadounidenses quieren votar por él, por un hombre que dice
que, como él es una estrella, besa y manosea a la mujer que le da la gana y a
las 2 am envía un tuiter llamando a nuestra compatriota Alicia Machado
“asquerosa”.
El
40% de Trump solo se explica por la pasión en contra que desatan los Clinton en
parte del electorado. Privan las emociones por encima de la razón.
En
referéndum popular la mayoría de los ciudadanos del Reino Unido votó por
salirse de la Unión Europea. Una decisión absolutamente irracional con
consecuencias desastrosas. El Tesoro Británico calcula que en los próximos 15
años, la pérdida de PIB va a estar entre 3,5% y 9,5%.
¿Por
qué votaron por salirse? Por un concepto de soberanía arcaico que despertó una
añoranza de los tiempos en que Inglaterra era un gran imperio. La decisión la
tomó gente muy mayor y con poco nivel educativo. Los electores de mayor
formación, que entienden las consecuencias económicas que trae salirse de la UE,
votaron por permanecer. Mientras 61% de los mayores de 65 años se pronunciaron
en contra, 75% de los jóvenes entre 18 y 24 años votó a favor. Los viejos
votaron por un futuro que los jóvenes no quieren y son estos los que sufrirán
las consecuencias de esa decisión.
Los
acuerdos de paz en Colombia fueron el escenario para la manipulación. Los que
estaban a favor del acuerdo plantearon las cosas en términos absolutos: si
votas “si” estas con la paz y si votas “no” estás con la guerra. Por el otro
lado, se vendió la idea de que si se aprobaba el acuerdo Colombia pasaría a ser
una “colonia de los Castro igual que Venezuela”. Los dos planteamientos eran
completamente falsos. La elección fue una competencia para ver con cual mentira
se manipulaba mejor.
El
gerente de la campaña por el “no”, el exsenador Juan Carlos Vélez, luego de las
elecciones dijo: “la estrategia para promover el voto negativo a los acuerdos
entre el Gobierno y las Farc-EP se basó en tergiversar mensajes y dejar de
explicar los acuerdos” y añadió: “En la región de la Costa se individualizó el
mensaje de que Colombia se convertiría en Venezuela, y aquí el “no” ganó sin
pagar un peso”.
En
los lugares donde más han sufrido los rigores de la guerra la gente voto “si”.
En el municipio de Bojayá, donde se vivió una masacre porque las Farc hicieron
explotar una bomba dentro de una iglesia en 2002, el “si” ganó con el
96%.
No
parece correcto que una mayoría que vive en ciudades donde la guerrilla hace
mucho tiempo que no se hace sentir, le imponga una decisión a la minoría que la
sufre de forma que no nos podemos imaginar.
El
electoralismo es una enfermedad de la democracia. Someter todo a consulta
popular es un acto de demagogia.
Un
médico no le consulta a los visitantes de una clínica el tratamiento de un
paciente. De la misma forma hay momentos donde los hombres de Estado deben
tomar decisiones aun en contra de la opinión general.
Un
ejemplo de eso es Nelson Mandela que requerido por su gente a cobrar venganza
contra la minoría blanca que los había reprimido tanto tiempo los enfrentó con
coraje: “Ustedes me eligieron como su líder, déjenme liderar”.
Pedro
Pablo Fernández
@PedroPabloFR

