Una parte del pueblo opositor se rebeló contra los
líderes de la MUD.
¿Y 18 años de calma no bastan? Al igual que Bolívar
cuando se alzó contra la Corona española, quienes partieron desde siete puntos
de Caracas están convencidos de que es la hora de un cambio de gobierno este
año y, por ello, eran partidarios de ir hasta Miraflores ayer mismo, sin
esperar hasta el 3 de noviembre.
“La desobediencia civil” se expresó en las calles de
la capital y se oyó al unísono un reclamo a la dirigencia para que pasaran de
los anuncios a la acción. “Pa’ Miraflores”, gritaban. “Hoy es el día”. La MUD,
en las voces de Henrique Capriles y Henry Ramos, exigió “cabeza fría” y no caer
en la trampa del gobierno que fomenta la violencia como una forma de control
político y, debido a que tiene el monopolio de las armas, cree que puede ganar.
“¿Hasta cuándo? Son 18 años de abusos”, alegó Claudia
Jiménez sobre por qué ir a Miraflores. El mensaje radical se reflejó hasta en
los carteles: “Lo único que se negocia con una dictadura es su salida”. “¡Fuera
la dictadura!”, escribieron en el pavimento de la autopista Francisco Fajardo,
a la altura de La Carlota.
Una parte del pueblo opositor se rebeló contra los
líderes de la MUD. El discurso de Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la
Mesa, fue contantemente interrumpido y hasta criticado. Cuando Ramos Allup
informó que el Parlamento actuará hoy contra Nicolás Maduro, recibió como
repuesta: “Pura paja”, por lo que aconsejó no repetir los errores de 2002. “No
perdamos la calma, pido mucho juicio, sindéresis y racionalidad”.
Capriles calmó a los más radicales al exponer que la
responsabilidad del líder es llevar el barco a puerto seguro: el palacio de
gobierno, sin violencia y por los votos. “Los golpistas son ellos. Defendemos
la Constitución o restituyen el orden constitucional o el 3 de noviembre vamos
para Miraflores”.
La MUD calculó 1.200.000 personas en la Toma de
Venezuela, solo en Caracas. El Sebin grabó, desde un helicóptero, a quienes
acudieron al distribuidor Altamira, mientras hacían “la señal de costumbre”,
como muestra de rechazo.
En una moto iba Becadicaro, una joven que está en
tratamiento médico y que protestó con un letrero: “El cáncer no sabe esperar”:
“Salí por todos los pacientes que quizás no puedan asistir. Exigimos los medicamentos.
Ya nos basta y sobra con el hecho de tener esta enfermedad. No tengo miedo. No
tenemos miedo. El cáncer no espera; necesitamos solución y si este gobierno no
es capaz de darla, entonces que se vaya. Revocatorio ya. Tenemos que ir a
Miraflores”.
Oeste alzao. Al igual que el 1 de septiembre, el oeste
de Caracas retó ayer al gobierno y se lanzó a la autopista Francisco Fajardo. A
las 10:30 am salieron de la plaza O’ Higgins quienes venían de Antímano,
Mamera, La Paz, La India y El Paraíso, y hasta de Vargas, rumbo a la avenida
Páez, donde encontraron dos puntos de la GNB y uno de la PNB.
“¡Aquí están los valientes de Caracas!”, gritó el
diputado Gilber Caro (VP) cuando la multitud llegó a la intersección aledaña a
la antigua cárcel de El Paraíso, ignoró a la PNB y corrió hacia la autopista,
feliz por aquella hazaña. “¡Sí se pudo!”, celebró Vanesa Rodríguez.
Desde El Paraíso llegaron al distribuidor Altamira,
alrededor de 8 kilómetros, sin inconvenientes. Incluso, la PNB, apostada al
frente de la UCV, dejó transitar a la gente, que los aplaudió. “Sufren y
padecen la falta de comida; la lucha es por una mejor vida para los policías”,
indicó, desde un camión, el motivador de la actividad.
En el Bicentenario, la GNB tenía 6 ballenas, 2
camiones y cientos de soldados en previsión de cualquier hecho. A las 12:44 pm
la marcha se encontró con quienes deseaban ir a Miraflores, pero Juan Requesens
(PJ) se les plantó y los convenció de regresar a Altamira.
Con los estudiantes de la UCV en primera línea, la
marcha que partió desde Los Cedros se convirtió en una marea que colmó la
avenida Libertador. No hubo PNB ni GNB ni roces con los habitantes de los
edificios de la Misión Vivienda.
Los manifestantes estaban molestos por la suspensión
del revocatorio. Any Camacho, de 27 años de edad, docente de la Unidad Ramos de
La Florida, agregó: “Siento rabia e impotencia por no poder firmar. Marcho con
mi hija porque quiero un futuro para ella”.
Agobio y algarabía. En Bello Monte unos pocos
manifestantes, entre ellos médicos y educadores, esperaban desde las 9:00 am la
salida de Capriles. La estación del Metro nunca levantó su santamaría, así como
otras 9.
Los comercios, que se atrevieron a abrir, cerraron a
medida que llegó más gente. La excepción fueron una farmacia y un automercado
donde asistentes se apertrecharon. En el mercado casi no había bachaqueros.
Muchos de los manifestantes, que eran residentes del lugar, preguntaban: ¿eso
es mantequilla? ¿Aún queda? ¿A cuánto los huevos?, ¿Aún queda leche?, ¿eso es
por cédula?
Pero el ambiente de tensión y decepción cambió a las
11:00 am. El político bajó de su cuartel general. Algunos que estaban
desesperanzados cambiaron de ánimo al verlo. La desesperanza, agobio y
decepción se convirtió en algarabía: hubo gritos, fotos y hasta una ovación al
líder opositor
EL BILLUYO


