Son muchos los grupos armados que hacen vida en el país, y además responden a distintos intereses y liderazgos
El crimen como legado
“Cómo podemos enfrentarnos al crimen organizado. Junto con la corrupción y el narcotráfico, ha constituido una fuerza que no es paralela al Estado. Es realmente un Estado dentro de él.”
Rigoberta Menchú
Estoy consciente de la importancia de la coyuntura política por la que atravesamos, y que todas nuestras fuerzas deben dirigirse al cumplimiento de la ruta en la que hemos convenido los venezolanos para la recuperación de la libertad. Sin embargo, esta semana me hacían llegar una fotografía del inicio de carnaval a destiempo que la Tiranía pretende imponer -como si adelantar las fechas les causara algo de sosiego por mantenerse aun con cierto poder- que me obligó a reflexionar sobre asuntos que considero importantes.
En la gráfica, se podía ver a un niño disfrazado sobre los hombros de quien supongo era su padre, quien además lo exhibía orgulloso. El asunto carecería de trascendencia, sino fuera porque el niño se encuentra encapuchado, vestido de negro, llevando en una de sus manos la imitación de un fusil, así como lo que aparenta ser un chaleco antibalas con la inscripción “FAES” en el pecho. Debo confesar el choque anímico que la imagen me produjo, pues a pesar de que la mayoría estamos conscientes de la gravísima situación de destrucción del tejido social que la “revolución” ha generado, a veces nos topamos con estos recordatorios de que la situación pareciera empeorar, y es urgente actuar.
Guaidó y la restitución del Estado de Derecho
Si en algo ha sido altamente exitoso el periodo histórico chavista, es en la proliferación y extensión territorial de la actividad criminal. Avanza sin control, o mejor dicho, bajo el patrocinio de varias “autoridades” que han dividido el país bajo una nueva lógica. No conciben a Venezuela conforme a nuestra división político territorial, sino por zonas de dominio y de ejecución de delitos. No es extraño escuchar que tal o cual zona, es la dominada por determinado grupo, o está destinada a una actividad específica al margen de la ley.
Son muchos los grupos armados que hacen vida en el país, y además responden a distintos intereses y liderazgos. Esto nos ha llevado a una suerte de estado segmentado, en el que cada caudillo cuenta con un ejército particular para su propia defensa y la de sus negocios ilícitos. Tal realidad constituye uno de los retos que deberemos enfrentar al momento de la reinstitucionalización del país. El monopolio de las armas y de la violencia debe estar en manos del Estado, pero no con fines de la protección de intereses individuales y mucho menos al margen de la legalidad, sino para la defensa integral de la sociedad, que hoy por el contrario está indefensa ante la criminalidad común y la criminalidad de Estado.
El modelaje, ha sido un elemento esencial en la construcción del Estado Mafioso que actualmente impera en el país. Progresivamente, se nos fueron imponiendo un conjunto de antivalores capaces de ser personificados por sujetos afectos al chavismo, y que representaban el poder. El poder resulta generalmente seductor a las masas, quienes imitan a los sujetos que lo detentan, independientemente del bagaje ético que lo acompaña, y como accedieron al él.
La revolución de los secuestradores
Desde mi perspectiva, esto nació torcido, pues el primer modelaje fue el de un sujeto a quien se le otorgó la confianza de detentar las armas de la República, y atentó contra la institucionalidad legítima. Luego ese mismo sujeto acuñó el término “Revolución” a su proyecto político, con lo que lo deslastró de cualquier indicio de legalidad. En efecto, las revoluciones no están sujetas a norma alguna, y para lograr ese fin último que se disfraza de felicidad eterna, vale todo, por lo que el modelaje, pasa a ser la violación del orden establecido, el desapego por la ley, la imposición del proyecto por la fuerza, la intimidación, el chantaje y la amenaza.
El hombre armado, la moto de alta cilindrada, la chapa policial, la camioneta grande y blindada, el derroche en fiestas, whisky, joyas de oro y la cosificación de las mujeres, pasó a ser uno de los signos característicos de los nuevos tiempos. En los sectores populares, se puede acceder a este modelo de poder, siendo miembro de una banda criminal, de un colectivo, escolta de algún sujeto de la cúpula chavista, o más recientemente de las FAES.
Este modelaje representa lo peor que se le ha hecho a la sociedad, jóvenes aspiran vivir sin límites institucionales, no creen en el cumplimiento de la ley, en las reglas, en la convivencia y el respeto de los demás, sino en la satisfacción de sus propios anhelos, lo cual justifica cualquier acción. Todos los hemos visto, la prepotencia les caracteriza, la amenaza es su carta de identidad, la violencia su método, por eso defienden este modelo anómalo que es el único que conocen, y en el que se sienten representados. Para ellos, las personas son sólo cosas, como decía Hannibal Lecter “Si la ve como una persona no como un objeto, es más difícil hacerla añicos”.
Un niño encapuchado vestido de miembro de las FAES, y un padre orgulloso que lo exhibe en una concentración callejera, no son sino el resultado de toda esta deformación llamada “Revolución”. La magnitud del trabajo que nos espera es inmensa.
Zair Mundaray
Fuente: venepress.com


