La lógica de los totalitarismos parece
cosa de imbéciles, pero si se analiza de acuerdo a los propósitos perversos que
se propone, no es tan imbécil. Así, por ejemplo ¿Qué busca Maduro con sostener
que el 1Sep sucedió un golpe de estado que no sucedió y que, en consecuencia,
todos los implicados que no actuaron van presos?
Pues algo muy importante para todo
dictador que se respete, como es sembrar el miedo, desatar el terror y advertir
a todos los que piensen en golpes parecidos, que aunque no los ejecuten, su
destino es la cárcel.
De modo que, en última instancia, los
desatinos de Maduro se dirigen no “al actuar” sino “al pensar”, que es un campo
más fértil para los sabuesos del pensamiento que trabajan a sueldo para Maduro.
Porque, una cosa es tener indicios de
una conspiración y salir a la calle a investigarla, y otra es recibir una orden
del propio Maduro en más o menos estos términos: “Señores, anoche soñé que
Henry Ramos, Julio Borges y Henrique Capriles están pensando en una conspiración,
por lo tanto, hay que atribuirles una, denunciarlos, enjuiciarlos y
sentenciarlos para que respeten el gobierno legítimamente constituido”
Y al otro día verá usted a los
generales, muy orondos y con una cara de cínicos más grande, afirmando que hubo
un golpe que no se dio, pero estaba en el pensamiento de sus no ejecutores.
Y si no hay generales, porque ser
general y honesto no es una rareza en este país, por ahí anda suelto un tal
Freddy Bernal, un expolicía a quien los años le caen, no para para agregarle
canas, sino más delitos en su largo prontuario.
Porque mentir es un delito en toda
sociedad medianamente civilizada, a menos que fabricar mentiras sea la única
actividad rentable en semejante engendro.
Un extraño mundo donde se condenan
ciudadanos por delitos que no cometieron ni pensaron, pero que el gobierno les
atribuye quizá para demostrarse que hace algo.
Por Manuel Malaver / @MMalaverM

